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sábado, noviembre 05, 2011

STOP - PARE


La taza está caliente, el café está cargado, el aire comienza a calentar, la gente camina, un hombre barre la calle, la señora recoge la mierda del perro, una mujer se asoma por el balcón quizás para ver el tiempo quizás para ver al vecino que le agrada quizás para pensar como vestirá hoy. Un hombre entra al bar pide la cerveza llama al teléfono y triste bebe, piensa en la nada mira a su alrededor pero no mira. Pido la cuenta, bebo el último poco de café, camino lento, escucho música, me aburre la música la apago, escucho el ruido de la calle me aburre el ruido de la calle, entro a una exposición que estaba al paso, observo imágenes sin sentido, todo en silencio observando algo inobservable, salgo me siento, llego al lugar donde se sienten solo los pájaros, increíble estoy en el centro de la ciudad y solo se escuchan pájaros, el silencio lo interrumpe un vagabundo que hambriento mendiga, camino escucho el ruido de la calle, llego a casa, me ducho, como una manzana, me siento.
Música, silencio, estoy en la playa el sonido de las olas me golean al caminar, el infinito de la arena me acompaña junto con el cantar de las gaviotas. Despierto, otro día, música, muevo los pies brazos, el cuerpo, como algo, salgo, ruido, calles mojados, mi mente nuevamente dice PARE- STOP.

jueves, octubre 20, 2011

Poder decir adiós, es crecer.


Poder decir adiós, es crecer.

Es difícil decir adiós, porque nuestro egoísmo inconsciente o consciente nos hace tener apego a todo, incluso a las personas, y separarnos  cuando hay afecto lo hace más difícil. Pero son etapas, es parte de elecciones personales o del destino, emprender nuevos desafíos como la culebra cambia su piel, como el árbol tiene que volver a regenerarse, como el humano se siente inquieto y busca la tranquilidad espiritual. Se acaba una etapa, y cuando esto sucede, viene un resumen. Y hago el espacio para incluir unas palabras en este blog, para dedicar unas palabras a las personas que conocí durante los años que viví fuera de casa y llegue a otra casa, llamada Catalunya.

Pero el resumen se convierte en una teoría aplicada a la humanidad como la teoría del Big Bag.

Mi Galaxia en Catalunya

La teoría del Big Bag no se aleja de las interacciones humanas, la ley de atracción que existe entre nosotros sin duda nos explica cómo nos hemos conectado espiritualmente. Existe una atracción que nos lleva a conocernos, a convivir y a separarnos, una galaxia con planetas que giran e interactúan entre sí donde puedes ser tú el centro o parte de él, donde existen planetas lejanos y otros cercanos a ti, con constelaciones de estrellas donde unas pueden iluminar más que otras, es decir esta atracción la podemos calificar humanamente  como sensaciones, el cariño, querer, amar, amistad etc que tenemos hacia las otras personas o planetas.

A veces se van algunas estrellas como cometas, porqué no hay nada en común, quizás se perdió el encanto o existe otra galaxia más interesante para ella. Mientras otros planetas perduran, se pueden alejar o acercar según nuestras percepciones, mantiene esa energía constante en la galaxia, se alimentan mutuamente. Sin embargo, hay planetas que se van sin avisar, sin recordar el último instante que los observaste, de algunos sabes los motivos de otros nunca lo sabrás. Te queda la satisfacción de adquirir experiencia y sabiduría. 

Experimentar cambiar de galaxia, quizás volver a la galaxia de origen, nunca volverás a la posición original, porqué encontrarás esa galaxia evolucionada con nuevos planetas e interacciones, donde tendrás que ganarte la posición. Y los planetas que encuentres quizás estén conectados con los de la otra galaxia, aunque existen años luz, también se atraen porque estás tú como centro del Universo.

Después de la conexión de galaxia que pasa? Queda la historia, ese recuerdo impregnado en tu memoria, retina y corazón. Y esto sucede en todo tipo de conquista.

Silvana Miranda

sábado, septiembre 17, 2011

El tren

Era la primera vez que perdía el tren, la primera vez que corría para alcanzar el último carro, pero mis energías no pudieron. Después de esa respiración profunda de resignación, vino la tranquilidad o más bien el pensamiento sensato. 

El tiempo de espera no tuvo grandes momentos, porque mi distracción se centro en un grupo de personas que intentaban descifrar en su idioma si el rumbo era el correcto o no. Por lo tanto, la resignación no alcanzo a sucumbir, más bien fue una espera rápida y divertida del próximo tren.

Llegó el próximo tren, al sentarme en la butaca y mirar por la ventana, comenzó a volar la imaginación, ver ese paisaje explotado, con industrias y edificios, donde las áreas verdes comienzan a perderse en el camino y donde las paisajes verdes que se realzan son cultivos con grandes casas de campo, tierras explotadas por nosotros los humanos, conjuntamente con esta visión mi estado de meditación comenzó a despegar.

Descubrí en ese preciso momento, que el lugar menos pensado, era mi lugar, que el tren era mi momento para reflexionar o simplemente meditar, el situarme en ese espacio que siempre tiene una dirección el cual puede estar con personas o desolado, donde algunos hablan otros duermen, otros escuchan música, un sin fin de detalles que no coartan mis reflexiones.

Puedo ir acompañada, puedo estar dormida, me pueden hablar, pueden gritar, y yo miro hacia fuera de la ventana y es como mi televisión, lleno de armonía y paz. De crear, evaluar y concluir. De escribir y encontrar las inspiraciones. Como un cuadro de arte que comienzo a poner colores, mezclar y entregar una verdadera obra de arte, esa imaginación que siempre lleva a un punto de enseñanza.

Cada uno tiene su sitio de meditación para algunos, es una iglesia, para otros un centro budista o simplemente tu hogar, buscamos y tenemos nuestro espacio para dejar nuestra mente en blanco o llenarla de ideas. Me encantaría conocer un lugar curioso de reflexión.

Hoy descubrí el mío, no sé qué sucederá cuando regrese a mi país, dentro de poco tendré que descubrir un nuevo espacio para reflexionar, quizás lo tenía, tengo que volver a reencontrarlo.

lunes, agosto 15, 2011

La gran muralla


La ciudad que vive actualmente está envuelta de murallas, tiene todos los sistemas necesarios para vivir, alimento, salud, cultura, una economía solida para trabajar, es decir una evolución incalculable para un sistema cerrado, que ha ido evolucionando y aspirando cada vez a más. Para él fue todo nuevo al comienzo, un sistema de trabajo diferente, se adapto a todos los cambios y costumbres, disfruto de la ciudad que vivía, y armonizo con gran positividad todos los desafíos que la vida le presentaba. 

Los días no tenían hora y tiempo, aprendió a obrar la tierra, para saber sobrevivir frente a la adversidad, tuvo a los mejores maestros para reflexionar positivamente sobre sus inquietudes espirituales, aprendió a construir y ser creativo frente a la soledad, con la sabiduría y energía compartió con personas que le ayudaron a crecer y continuar con la libertad.

A veces ayudaba a continuar con la construcción de las grandes murallas que servían de protección para que nadie viera como era la vida ahí. Solo los que estaban afuera leían los escritos de los que vivían en la ciudad, y los que marchaban para no volver contaban las experiencias adquiridas.

Con los años construyó grandes relatos para los habitantes de la ciudad, lecciones para aprender el desarrollo espiritual, a todos aquellos que venían de allá, de afuera, de ese hábitat que muchos olvidaban, que muchos dejaban atrás para crecer y encontrar lo que no podían descubrir y aprender.

Un día se acerco a su maestro para comunicar que su corazón le decía que no quería vivir más ahí, que necesitaba volver a su tierra, que ya había descubierto, aprendido y vivido muchas experiencias, que quería compartir y enseñarlas a los demás. “Maestro aquí todos saben, o creen que lo saben todo, yo quiero enseñar todo los que me has enseñado, aquí encerrado en estas cuatro paredes, no puedo compartirlo, más que continuar enriqueciendo mi alma”. 

Sus inquietudes aumentaban, sus visitas al templo del Maestro eran cada día, para sanar los miedos que aquejaban su alma, pero él escribía, escribía. El día de luna llena, el Maestro se acerca a él y le dice el próximo solsticio marcharas a tu origen. Desde  aquí la alegría y la duda volvían a acechar su corazón.

Regresaría a su lugar de origen, pero habían pasado años donde no sabía nada de su pueblo, de sus amigos de infancia, de todas las personas que siempre tenía en su corazón, su familia. Aquellos que le entregaron los valores sin precio alguno, esos valores que no necesitan lecciones para aprenderse.

Los días se hacían eternos esperando el día del solsticio, el Maestro lo llama y le dice: “Hay que irse cuando llega la hora, no es fácil marchar cuando llega el momento, nadie quiere decir adiós. Ir y venir es la naturaleza de muchas vidas, pero todos pensamos que estamos aquí de manera permanente, y que las cosas también lo están, tanto si se trata de una casa, de las relaciones o de una etapa en la vida. No tenemos idea de que nos traerá la siguiente etapa,  persona o momento. Construimos ideas, creencias, sueños y fantasías a fin de asegurar el futuro. Aunque eso es natural, lo cierto es que en el fondo basamos nuestras esperanzas, temores, preocupaciones y expectativas. No tengas más temor, no esperes nada, solo deja que el día llegue y vive lo que tengas que nuevamente vivir. Cuando pases esa gran muralla, solo lleva contigo la sabiduría y el amor que te servirá de aliado para los nuevos desafios”.


Historia: Syl